Sentido del Jubileo Compostelano


Peregrinar a Santiago es conectar con el sentido del Jubileo bíblico y el espíritu de todos los peregrinos.
Por eso, debemos reflexionar sobre el sentido del jubileo y descubrir qué debe significar para nosotros peregrinar a Santiago.

Si Jubileo es, fundamentalmente, un tiempo de «gracia y perdón», alcanzar el Jubileo es ponerse en esa actitud profunda que nos permita merecer esa «gracia y perdón».
Para el cristiano todo tiempo es «tiempo de gracia y perdón». La salvación de Dios, realizada en Jesús, es ofrecida constantemente al hombre.

Pero también hay «tiempos» y «momentos» en que esa salvación se nos ofrece con más fuerza. Son momentos más propicios, son tiempos de reflexión, de conversión.

El Jubileo debemos verlo, sobre todo, como un «tiempo», un «momento» que la Iglesia nos ofrece para la conversión.
Cristo ha venido al mundo para llamar a la conversión (Lc. 5,32). Este es el mensaje esencial del Evangelio.

Convertirse es romper con todo lo que separa de Dios, abandonar el mal camino que aleja de él: «volveos cada cual de su camino» (Jr. 18,11). Convertirse es cambiar profundamente, adquirir «un corazón nuevo y un espíritu nuevo» (Ez. 18-31). Ganar el Jubileo exige ponerse en actitud de conversión.

Esta conversión supone:
 * Reconocer nuestros fallos y errores. Supone admitir que, muchas veces, a nivel personal y colectivo, nos hemos desviado del auténtico camino, que nos hemos despistado en el rumbo de la vida. Es reconocer que en nuestra vida está presente la debilidad, el tallo, el error, el pecado.

 * Dejarnos iluminar por la palabra de Dios. Es volver a creer que Jesús es el «Camino, Verdad y Vida» (Jn. 14,6). Es volver a admitir los «valores del Evangelio», como los que pueden guiar nuestras vidas por las sendos del bien y de la paz. Es volver a poner a Cristo como el centro y norma suprema de nuestra vida.

 * Realizar el esfuerzo de cambiar todo aquello que sea «obstáculo» para la realización de una vida de creyente. Es ponerse en actitud, apoyado en la fuerza del espíritu, para andar por los caminos del Señor.
Si el pueblo judío en su Jubileo afirmaba la soberanía de Dios, ¿no tendremos nosotros, también, que revisar nuestra imagen de Dios, para ver si realmente Dios es nuestro «Padre y Señor», o es una imagen desdibujada, una realidad perdida o un estorbo del que queremos deshacernos?

Si el pueblo judío en su Jubileo afirmaba que nadie debe ser oprimido o esclavizado, ¿no tendremos, también nosotros, que pensar nuestras actitudes ante los demás y convertirnos de tanta opresión, odio, mentira, violencia y lograr así, un mundo donde los hombres vivamos como hermanos solidarios?

Si el pueblo judío en su Jubileo afirmaba que el Señor es Dueño de toda la tierra y, por tanto, ésta debe servir para el bien de todos, ¿no tendremos, también nosotros, que revisar nuestras actitudes ante los bienes y convertirnos de tanto afán de dinero, lucro, posesión y lograr así, un mundo mejor, donde todos los hombres puedan vivir y disfrutar, solidariamente, de todos los bienes del mundo?

Esta es la llamada a la conversión del Jubileo.
Esta era la llamada de Jesús cuando decía «el tiempo de la gracia ha llegado. Convertios» (Mc. 1,12-15).
Ese era el espíritu de tantos peregrinos que, a lo largo de los siglos, se ponían en marcha hacia Compostela para alcanzar del Señor, por medio del Apóstol, «el perdón y la gracia».

Nuestra condición de peregrinos nos exige caminar también con espíritu de «fe y conversión». Sólo así seremos auténticos peregrinos.
El Jubileo Compostelano del año 2010 es una llamada, una invitación que el Apóstol Santiago hace, desde Compostela, a todos los hombres, para que escuchen el mensaje de Dios y seamos capaces de rectificar nuestros caminos torcidos y caminar por las «sendas del Señor».
Así el Año Santo Compostelano será el «tiempo de la gracia y de la salvación» para todo aquel que, con buena fe, se acerque como peregrino a la Tumba del Apóstol Santiago, en Compostela.