“Santiago te espera, encamínate”
Año Santo Compostela 2010


El Jubileo compostelano concede como gracia especial:

**Una Indulgencia Plenaria.
Esta indulgencia plenaria sólo se puede lucrar (o ganar) una vez
cada día. Puede beneficiarse de ella la propia persona o aplicarse, a modo de sufragio, por los difuntos. 
Así las define el Código de Derecho Canónico (c. 992):

"La indulgencia es la remisión ante Dios de la pena temporal por los pecados, ya perdonados en cuanto a la culpa, que un fiel dispuesto y cumpliendo determinadas condiciones, consigue por mediación de la Iglesia, la cual, como administradora de la redención, distribuye y aplica con autoridad el tesoro de las satisfacciones de Cristo y de los Santos"


**Otras gracias.

Los confesores especialmente designados podrán:

a) absolver, en confesión sacramental, de todas las censuras, aún reservadas, salvo algunas excepciones reservadas al Papa.

b) Dispensar y conmutar votos, no reservados.
Los sacerdotes peregrinos gozan, mientras permanezcan en Compostela como peregrinos, de las mismas licencias ministeriales que tengan de sus respectivos Ordinarios.
Sentido de la Indulgencia Plenaria.

Los hombres, por el pecado, nos alejamos de Dios y dañamos la comunión con los hermanos.

Por el Sacramento de la Penitencia nuestros pecados quedan plenamente perdonados.

Sin embargo, estamos obligados a «satisfacer» por ellos, es decir, purificar el desorden causado en nosotros por el pecado. La Iglesia nos invita a hacerlo, a través de las obras de piedad, de penitencia y caridad.

La Indulgencia Plenaria es la concesión, por la Iglesia, en nombre de Dios, de la «gracia» que nos permite «satisfacer plenamente» todo lo debido por nuestros pecados.

La Indulgencia del Jubileo compostelano es, por tanto, la concesión que la Iglesia hace a los creyentes del «perdón» o «amnistía total» de Dios, condicionada a nuestros deseos sinceros de conversión y, en este caso, la visita al Sepulcro del Apóstol Santiago.