Peregrinar a Santiago Compostela

Desde que apareció el Sepulcro del Apóstol Santiago, toda la cristiandad se puso en camino hacia Compostela.


Desde el siglo IX al XVII, el «Camino de Santiago» fue un vivo rumor de peregrinos. A lo largo de este «Camino» existían templos, posadas, hospitales, donde los peregrinos recibían atenciones, asilo y especiales cuidados.

Emperadores, reyes, santos, gentes de toda raza y de toda lengua, hicieron del Camino de Santiago una viva lección de cristiandad ecuménica y universal.

Al principio, los motivos de peregrinación eran completamente espirituales: devoción, penitencia, gratitud, impetración de gracias... ; más tarde, se introdujo el elemento humano en los ideales de cierta clase de peregrinos: espíritu de aventura, codicia de negocios e intereses de comercio; en fin, ansias de enriquecerse y afán turístico de curiosidad.

Los peregrinos hacían el viaje a pie, a caballo o embarcados. Algunos lo hacían en solitario, pero, normalmente, solían hacerlo en grupos.
Antes de llegar a Santiago, se lavaban en el cercano río de Labacolla y empezaban la última etapa de la peregrinación, con la porfía de ser el primero en avistar las torres de la Catedral desde el Monte del Gozo (lugar de San Marcos).

En el Humilladoiro (hoy Milladoiro) solían descalzarse. Allí rezaban y cantaban preparándose para entrar en la ciudad del Apóstol.

La enorme aglomeración de peregrinos en la Catedral, tanto de día como de noche, hizo necesaria la presencia del «Botafumeiro», el clásico incensario compostelano, para perfumar y rarear el ambiente de la Catedral.

Después de oír Misa y beneficiarse de las gracias e indulgencias jacobeas, los peregrinos solicitaban la «Compostela» o certificado oficial de peregrinación y se llevaban, como recuerdo, cruces, conchas, medallas...

Por los Caminos de Compostela llegaron a España a hombros de los peregrinos, las influencias científicas, culturales, literarias y artísticas de Europa.

Asimismo, por ese Camino, llegaron a Europa las más puras y ricas influencias compostelanas. Un rumor de vida, aliento a lo largo de todo ese Camino y sirvió para las aspiraciones de religiosidad, cultura, arte y fraternidad de los pueblos.

Esta importancia de Santiago, llevó a proclamar a Santiago como Patrón de España. Lo hizo Alfonso II en 829 y así fue reconocido por todos.

Aún cuando hoy ha cambiado el carácter de las peregrinaciones, continúan siendo miles y millones las gentes piadosas que, desde todos los pueblos y naciones del mundo, llenan las rúas compostelanas y la Catedral para rezar a los pies del Apóstol Santiago.