Continuamos con el artículo de Dott. Luis Cano sobre la peregrinación de San Josemaría Escrivá a Santiago de Compostela.
Estación de Veguellina de Órbigo
«No recuerdo ahora bien lo que sucedió –se lee en el relato de don Eliodoro–, pero el hecho fue que perdimos el tren y un taxista, feligrés mío –de nombre Cartujo–, nos llevó hasta Veguellina de Órbigo, a unos treinta kilómetros de León, donde alcanzamos el tren.
 

 

2. Un sacerdote junto a las reliquias del Apóstol

Los tres peregrinos salieron de León el 17 de julio de 1938, después de celebrar la Misa. Don Eliodoro lo hizo en su parroquia, mientras que san Josemaría celebró en las Teresianas. Después del martirio de san Pedro Poveda, con quien había tenido tanta amistad –humana y espiritual– el fundador del Opus Dei procuraba visitar a las Teresianas allí donde pasara, para confortarlas y ayudarlas espiritualmente: les celebraba la Misa, les predicaba..., de acuerdo con Josefa Segovia, con la que también mantenía un frecuente y amistoso trato[25].

«No recuerdo ahora bien lo que sucedió –se lee en el relato de don Eliodoro–, pero el hecho fue que perdimos el tren y un taxista, feligrés mío –de nombre Cartujo–, nos llevó hasta Veguellina de Órbigo, a unos treinta kilómetros de León, donde alcanzamos el tren. Cuento este detalle porque así hubo ocasión de que el Padre, en el coche, nos dirigiese una meditación que no he olvidado nunca.

»Tomó como tema a un burro de noria que vimos trabajando en el camino. El Padre nos fue hablando apoyado en la parábola de ese borrico, sobre el trabajo esforzado y continuo –monótono, si se quiere– pero eficaz: es ese trabajo el que va llenando los cangilones que derraman el agua a los campos que se cubren de verdor y fecundidad. Allí, desde las ventanillas del coche, contemplábamos la preciosa vega del Órbigo, donde se cultiva remolacha y lúpulo. Las palabras de Monseñor Escrivá de Balaguer nos dejaban clara la importancia de saber obedecer humildemente al propio cumplimiento del deber: recorrer el camino justo, con los ojos vendados, iluminados por la luz interior de la fe, sabiéndonos instrumentos en las manos de Dios»[26].

Como tendremos ocasión de ver, esta figura del borrico era muy querida para san Josemaría y la usaba a menudo en su predicación; además tenían un sentido autobiográfico.

Gracias a la pericia del conductor –y a la lentitud del tren–, llegaron a tiempo a la estación de Veguellina:

«Era un correo vulgar –cuenta don Eliodoro– que partía de Medina del Campo, y fuimos hasta Monforte de Lemos, donde comimos hacia las tres de la tarde. (...) El tren iba muy lento y llegamos a Santiago, pasando por Redondela y Pontevedra, hacia las dos de la mañana.

Nos hospedamos en el hotel La Perla[27] y al día siguiente pudimos decir Misa en la cripta de la Catedral»[28].

Fue el momento más esperado y más intenso de aquella breve peregrinación. Tenemos una breve descripción de esa Misa, del propio fundador, realizada en tercera persona, como era su costumbre, en la primera página de las Noticias de agosto de 1938:

«SANTIAGO DE COMPOSTELA Y FINALES DE JULIO. EN LA CRIPTA, JUNTO A LAS RELIQUIAS DEL APÓSTOL, SE VIVEN PAUSADAMENTE LAS ORACIONES Y ACCIONES DE LA SANTA MISA. EL SACERDOTE, JUNTAS LAS MANOS A LA ALTURA DEL ROSTRO, SE RECOGE: SUS PRECES SON POR VOSOTROS, POR TODOS Y POR CADA UNO... UN CATEDRÁTICO CONOCIDÍSIMO[29], VUESTRO AMIGO —VUESTRO HERMANO— ACTÚA GOZOSAMENTE DE ACÓLITO, MUY UNIDO A LAS PETICIONES Y A LOS HACIMIENTOS DE GRACIAS DEL P.[30] PODÉIS ASEGURAR QUE, EN ESPÍRITU, GANASTEIS EL JUBILEO JACOBEO».

Y a continuación, incluía el famoso grito de batalla de los ejércitos españoles, consabido en esos momentos de guerra pero también de oración por el futuro de la Patria: «¡SANTIAGO Y CIERRA ESPAÑA!». Y enseguida, como queriendo matizar lo anterior y subrayar que los católicos llamados al apostolado del Opus Dei no podían limitarse a esos afanes patrióticos que inflamaban entonces a la juventud, añadía entre doble y triple admiración: «¡¡SANTIAGO Y CIERRA EL MUNDO!! ¡¡¡SANTIAGO!!!»[31]. Es un detalle que me parece interesante en esos momentos de exaltación nacional: san Josemaría, ante los sagrados restos de aquel pescador galileo, venido hasta el finis terrae para predicar a Cristo, ponía delante de aquellos hombres jóvenes el horizonte universal y católico del fenómeno pastoral y apostólico del Opus Dei. En efecto, muchos de ellos, en los años por venir, llevarían ese mensaje por Europa y América[32].

En sus recuerdos, don Eliodoro aseguraba que «fue una Misa de acción de gracias maravillosa. Ganamos el jubileo y casi no hicimos turismo. Visitamos la Catedral, San Martín Pinario y poco más»[33]. No recordaba el sacerdote que por la mañana estuvieron también con Josefa Segovia, quien anotó en su diario personal: «Vienen D. José María Escrivá y D. Heliodoro y pasan aquí[34] buena parte de la mañana, (18-7-1938)»[35]. Josefa Segovia se encontraba de paso en Santiago, de lo que debieron de informar a san Josemaría las Teresianas de León. Como siempre hacía, no perdió la ocasión de saludarla.

A la mañana siguiente, tomaron el tren de regreso a León, donde se bajó don Eliodoro; san Josemaría y Ricardo Fernández Vallespín prosiguieron hacia Burgos, donde llegaron a altas horas de la noche.

 [25] «¿Qué le puedo yo negar a Pepa Segovia?», escribía san Josemaría en sus Apuntes íntimos, el 25 de enero de 1938. «Le he dicho que voy a llamarla siempre “hermana mía”, mi buena hermana» (Apuntes íntimos, n. 1510). Cuatro días antes, el 21 de enero, había establecido con ella un programa de asistencia espiritual a las Teresianas (cfr. Apuntes íntimos, n. 1505; cfr. ibid., n. 1503, del 21-I-1938, n. 1506, del 22-I-1938, y n. 1508, del 23-I-1938). El 3 de marzo le informaba de la intensa actividad que estaba desplegando, a la vez que volvía a pedir una ratificación expresa: «Voy, corriendo, de la Ceca a la Meca: si encuentro hijas de D. Pedro, les espeto una plática... Así, tres veces en Bilbao, en Valladolid, en Ávila, en León y Astorga, en San Sebastián, en Zaragoza... ¿Le parece bien? Si no me lo aprueba explícitamente, me hago mudo», Carta de san Josemaría a Josefa Segovia, 3-III-1938, en AGP, A.3-4, 0255-02, Carta 380303-4. Cfr. Vázquez de Prada, El Fundador... (II), pp. 256-257.

[26] Testimonio de Eliodoro Gil Rivera (Madrid, 2-II-1979), en AGP, A.5, 0215-02-01.

[27] "La Perla" era una pensión situada en la actual Avenida de Figueroa.

[28] Testimonio de Eliodoro Gil Rivera (Madrid, 23-IV-1996), en AGP, A.5, 0215-02-01.

[29] Se trataba de Ricardo Fernández Vallespín, a quien en broma llama aquí san Josemaría catedrático, quizá por su aspecto serio y distinguido, como se puede apreciar en las fotos de la época; además había sido el Director de la Residencia que frecuentaban aquellos estudiantes. Las hojas de Noticias contienen a menudo comentarios jocosos, sobre unos y otros, para llevarles algo de alegría y novedades sobre sus amigos.

[30] "P.": el Padre, o sea san Josemaría.

[31] Noticias, agosto de 1938, en AGP, A.2, 0011-02-06. He corregido la grafía del cierre de admiración, pues en el original sólo se emplea el signo de apertura.

[32] Por mencionar sólo algunos, Ricardo Fernández Vallespín iría a comenzar la labor apostólica del Opus Dei en Argentina; Pedro Casciaro en México y José Luis Múzquiz en Estados Unidos; José María Hernández de Garnica trabajó en Francia, Inglaterra, Irlanda, Alemania, Suiza, Bélgica, Holanda, Austria...

[33] Testimonio de Eliodoro Gil Rivera (Madrid, 23-IV-1996), en AGP, A.5, 0215-02-01.

[34] Probablemente el encuentro tuvo lugar en la Residencia universitaria que tenían las Teresianas en Santiago desde 1929, cfr. González Rodríguez, María Encarnación, Pasión por la santidad..., p. 343.

[35] Ibid., p. 413, nota 227.