Última entrada del blog hablando del Camino de Santiago que pasa por Torreciudad.

Mapa de Torreciudad
 

Sobre un escape que domina el interfluvio del Esera y el Cinca, donde existió la antigua Civitas, posiblemente antigua capital o bien sede de convocatoria de los Urgelitanos, arrebatada a los musulmanes a fines del siglo VIII, se alzó el formidable castillo de Torre-Ciutat que el rey aragonés Sancho Ramírez encomendó en custodia y tenencia a D. Antón Galíndez, quien en el año de 1066 ya se intitula Senior de Abinçalla et Cibtate. Muchos serán los avatares de este conjunto fortificado en el que se encuentra la torre vigilante y el pequeño templo, sede de una Virgen de principios del siglo XI, posiblemente anterior, que recibe el culto y oraciones de la monarquía cristiana del Pirineo. Pero este enclave, al igual que Secastilla, sufrirá asedios y nuevas posesiones en 1076, le afecta la campaña de asedio de Alquézar en 1078, el revés cristiano de Graus y su posterior reconquista en 1083, hechos por lo que será escondida la sagrada Imagen para protegerla ante las incursiones musulmanas y descubierta posteriormente por unos leñadores de Bolturina entre 1084 y 1085 que la retornan nuevamente a su templo, no siendo pues de extrañar que cuando se hunde el frente cristiano ante Fraga y se produce en 1134 el óbito de Alfonso I el Ballador, que había sido el gran azote del Islam en la cuenca central del Ebro, su hermano y sucesor Ramiro II el Monje, prodigue las estancias y detenciones en este formidable castillo junto al Cinca, desde donde se preocupa por su amada ciudad de Barbastro, la primera que lo aclamó como rey, y que estaba siendo presa de las sucesivas razzias que le inflingían los musulmanes. Desde este lugar dictó disposiciones reales y aquí se detuvo con frecuencia, para acogerse, como buen aragonés educado con los monjes negros a la protección de María.

El paso de los siglos, borraría de la historia este lugar como punto estratégico y militar, si bien perduraría como enclave cristianizado, donde la Madre recibía las oraciones de miles de peregrinos en su caminar a Compostela, además de las romerías que las gentes de Sobrarbe, Ribagorza, Somontano y Tierra Llana, que le dedicaban año tras año.