Camino de Santiago en el Pirineo Aragonés
Me encuentro en el Santuario de Nuestra Señora de los Ángeles de Torreciudad y he tenido conocimiento que mi camino de vuelta a Santiago ya ha sido recorrido desde hace siglos.
Espero ir contando algo de este Camino de Santiago en varias entradas.

Como primera entrada hablaremos de los orígenes del Camino en Aragón.
Carta Tractuaria
Es desde fines del siglo XIII principios del XIV cuando los peregrinos comienzan a temer tanto por su seguridad personal, como por sus bienes, debido a que, en su largo caminar deben adentrarse en jurisdicciones diferentes, en algunos casos hostiles, Por ello, antes de salir de su localidad procuraban obtener un distintivo escrito, La Carta Tractuaria,. Son “ Cartas Probatorias”, antecedentes de la actual “Compostela”, que a modo de salvoconducto, les diera una cierta seguridad, iban luego a un monasterio a confesarse, hacían testamento, depositaban sus alhajar y dinero en manos del abad y recibían de éste un bordón, acaso una esclavina y tras hacer oración, partían.
La importancia de este documento, nos da una gran lista de registro de importancia de la Chancillería Aragonesa, y pensamos que una cantidad similar pudiera muy bien haberse extendido en las Chancillerías de Navarra y Castilla, o bien por obispos, clérigos, incluso papas y otras autoridades, a fin de que obtuvieran protección y privilegio de paso por los territorios que cruzaban en el camino, como era la exención del pago de pontazgos, peajes, etc. Sírvanos como ejemplo el escrito que el Infante de Aragón realiza en el año 1380 dirigiéndose a sus súbditos y oficiales del reino, al objeto de que unos caballeros alemanes se vean libres de impuestos y estén protegidos.
“… vobis et uniquiquevestrumdicimus et mandamus, quatenus pisos milites cum cosseriis sive equis, undecim equitaturis sus et familia eorumdembonisque et rebus ipsorum permittatis a dictis regnis familia eorumdembonisque et rebus ipsorum permittatis a dictis regnis et terris exire et libere et ovni obstáculo quiescente, nullum eis gravamen aut iniuriam, detendionem sive maliciam arrogantes, presenti quidem mandato post sex dies a dato huis computandus minime valituro. Datum Perpiniani sub sigilio nostro secreto, octava die Marcia, anno a nativitate Domini MCCC LXXX. Primogenitus. Dominus dux mandavit michi Petro de Benviure". No podía decirse lo mismo de otros reinos, ya que en 1381, el cronista peregrino Geofroi de Buletot, al penetrar por San Juan de Pié de Puerto, en su diario describía con indignación el cobro de peajes efectuado a peregrinos, que le “resultaban indignantes” habiendo presenciado cómo a sus compañeros “se les registraban los calzones por haber dicho que carecían de dinero”. En 1387 Juan I de Aragón se dirige a los administradores de su territorio al objeto de que protejan al peregrino y lo expresa: “custodibus pasum”, a la vez que les advierte: “dicimus et mandamus…….permittatis per loca vestrorum districtum libereet quiete transire...” El deseo de protección de los peregrinos durante los siglos XIII y XIV, se veía así cumplido gracias a la magnanimidad de los reyes de Aragón.