Jubileo en el Nuevo Testamento


Según nos narra S. Lucas (Lc. 4,16-20) Jesús, en la sinagoga de Nazaret, lee el texto de Isaías (61,1-2) y se lo apropia.
Jesús se siente llamado y enviado a proclamar el «año de gracia»; un mensaje de Salvación que consistirá en:

 - proclamar la Buena Nueva a los pobres;

 - anunciar la liberación a los cautivos;

 - dar la vista a los ciegos

 - dar la libertad a los esclavos.

Es la proclamación de un año de gracia (jubileo), que llenará todo la vida y predicación de Jesús.
Pero el Jubileo, el año de gracia que proclama Jesús, no es un jubileo más. Es «el año de gracia definitivo».

Los jubileos del pueblo judío, eran una llamada a la conversión, a la vuelta a los mandatos del Señor.

Jesús llama a la conversión definitiva. La llamada de Jesús es, no al cumplimiento de una ley, sino que es una llamada al interior del hombre, a su corazón; es una exigencia que plantea una conversión total, un cambio radical del corazón para crear un «hombre nuevo».

El mensaje de Jesús lleva a la instauración del Reino de Dios; un reino nuevo, distinto, definitivo. Es el reino:
 - donde Dios sea el Señor y Padre de todos los hombres;

 - donde los hombres sean iguales y hermanos;

 - donde los hombres sean responsables de la creación; de un «mundo mejor», donde todos disfruten de los bienes de la tierra;

 - donde sea superada toda esclavitud, opresión, odio, guerra y así, «Dios sea todo en todos».

Ese es el jubileo que Jesús anuncia. Jesús llama a convertirse a ese reino. Jesús invita a «esforzarse» por hacerlo realidad.